miércoles, 17 de julio de 2013

Análisis de los alimentos: ¿Cuál, cómo, dónde y cuándo?

Análisis de los alimentos:  ¿Cuál, cómo, dónde y cuándo?

Marcos Gingins, Dr. sc.
Ingeniero agrónomo
Director Técnico Laboratorio
Molino La Palmera, Luján
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           (Esta nota se publicó en la revista Producir XXI en mayo del 2010)
                                                                                                                                                                                                                                                            En el número anterior de Producir XXI la Ing. María Victoria Podetti de Nutrefeed, se refirió a la forma correcta de tomar muestras para realizar análisis de alimentos para la nutrición animal, en esta ocasión discutiremos los distintos análisis que se pueden solicitar.


Determinación de proteína y energía
Los análisis de laboratorio realizados sobre una muestra de alimentos brindan información, y ésta sirve para mejorar la toma de decisiones, de modo que las decisiones que se deben tomar son las que van a indicar qué información debo obtener del análisis. Por ejemplo, en las reservas forrajeras (como silajes y henos) interesa fundamentalmente conocer el contenido de proteína y energía para poder combinarlas adecuadamente con los distintos suplementos.

La proteína bruta se calcula multiplicando el porcentaje de nitrógeno por 6,25, ya que la mayor parte de las proteínas tienen 16% de nitrógeno, de modo que 100/16 = 6,25. Si necesitamos saber qué porcentaje de esta proteína pasa por el rumen sin ser degrada (by-pass) habitualmente se recurre a las tablas que suministran los factores que se multiplican por el valor de proteína bruta que resultó del análisis de laboratorio.

La energía es más complicada de calculas. La energía sólo se puede medir mediante pruebas in-vivo con animales que, por su complejidad y costo, están fuera de discusión para evaluar las materias primas o los alimentos utilizados en la práctica. De modo que se utilizan ecuaciones que permiten estimar el valor energético a partir de parámetros determinados mediante el análisis químico. Durante años se utilizaron con este objetivo primero la fibra bruta (FB) y luego la fibra en detergente ácido (FDA), pero el problema es que deben usarse distintas ecuaciones para distintos productos, por ejemplo la relación entre energía metabolizable (EM) y FDA no es la misma para el heno de alfalfa que para el silaje de maíz.

En estadística los modelos empíricos son los que utilizan una o más variables para predecir el comportamiento de otra, por ejemplo los modelos de regresión. Los modelos mecanicisticos, en cambio, pretenden reproducir la estructura y el comportamiento del sistema. Tratando de superar los modelos empíricos, Weiss (1993) desarrolló una ecuación con un enfoque mecanicista basada en el modelo de Van Soest. Esta ecuación, que requiere conocer los tenores de proteína, cenizas, FDN y lignina, es la que se ha venido utilizando durante los últimos años con muy buenos resultados.

En los silajes el pH nos puede indicar si hay o no problemas en la fermentación
En el silaje de maíz generalmente no hay problemas, el pH es siempre cercano a 4,0, pero en los silajes de pasturas la situación es distinta, especialmente si no han sido bien oreados antes de ensilarlos y no se utilizaron inoculantes para asegurar el proceso de ensilado. El silaje de pastura se caracteriza por un alto contenido de proteína y un bajo contenido de carbohidratos solubles y almidón. El pH es invariablemente más alto que en el de maíz, el valor normal se acerca a 5,0, pero en algunos casos puede superar los 5,5. Esto indica destrucción de las proteínas y el amonio liberado por dicha reacción tiende a incrementar el pH. En estos casos una determinación de nitrógeno no proteico puede ayudar a interpretar los datos anteriores.

Para formular una ración hay que conocer los ingredientes de la misma
En cuanto a los granos interesa también conocer los valores de energía y proteína, pues son los nutrientes que aportan. Debemos tener en cuenta que, a pesar de su bajo contenido de proteínas, en una ración de feedlot el maíz es la materia prima que aporta más proteínas. De modo que el tenor proteico del grano de maíz tiene importancia económica. Asumiendo que se debe llegar a 12% de proteína bruta en la ración, si el maíz tiene 6% de proteína deberemos agregar un 23% de pellet de girasol, mientras que con un maíz de 10% de proteína sólo deberemos agregar un 9%, todo esto asumiendo que el pellet de girasol tenga 32% de proteína, lo que frecuentemente no es el caso. Este ejemplo deja clara la importancia económica de analizar los ingredientes antes de formular la ración.

El valor energético de los granos es constante
Sir Kenneth Blaxter es, sin duda, el hombre que más ha investigado el uso de la energía en los rumiantes durante la segunda mitad del siglo XX, estudios que han merecido que fuera nombrado caballero por la reina de Inglaterra. Hablando de cómo evaluar el valor energético de los granos dijo: “el mejor predictor de la energía de los granos son las tablas” pues, al tener un alto contenido de almidón y un bajo contenido fibra su valor energético es muy constante. Pequeñas variaciones en el contenido de fibra no alcanzan a modificar los valores de energía. No hay que olvidar en el caso del grano de sorgo que es conveniente realizar una determinación de taninos, ya que es una determinación barata y rápida que evita muchos problemas. Si la concentración de taninos fuera alta se debería diluir el sorgo con maíz. 

En lo que respecta a los subproductos, como los procesos industriales varían no sólo de un país a otro, sino de una fábrica a otra, la composición difiere muchas veces de la que indican las tablas. Se debe entonces determinar proteína y estimar el valor energético a partir de la composición química.

Los minerales son casi una excepción.
El calcio se agrega como conchilla (en la región pampeana) o carbonato de calcio (en el centro y norte del país) sin tener en cuenta el aporte de las demás materias primas. En cuanto al fósforo, en las raciones de rumiantes lo aportan las fuentes de proteínas y el afrechillo. Estados Unidos eliminó recientemente el agregado de fósforo a las raciones de rumiantes por razones ambientales pero en nuestro país ya lo hemos hecho mucho antes por razones económicas. Los microelementos y las vitaminas se agregan bajo la forma de núcleo, generalmente a razón de 1 kg por tonelada, sin tener en cuenta el aporte de las materias primas.
 Entonces, sólo tiene sentido analizar minerales en la ración final, excepto situaciones especiales como en las raciones para vacas preparto donde se deben analizar los forrajes para lograr dietas bajas en potasio. Cuando se arma la propia ración en el campo debería agregarse un núcleo vitamínico mineral, pero si se compran alimentos balanceados estos ya incluyen el núcleo. Más que analizar los microelementos de una ración conviene operar con proveedores reconocidos. Es más seguro y evita problemas en una zona como la nuestra o en la cuenca del salado, en que los forrajes tienen frecuentemente niveles de cobre y zinc que bordean la deficiencia.

Y las micotoxinas también se analizan.
Unas palabras sobre las micotoxinas, un tema propio de años húmedos como este o de años secos como el anterior. El efecto de la humedad es obvio, el de la sequía es menos evidente. Pero en condiciones de sequía hay muchos granos contrahechos que representan una puerta de entrada para los hongos. Un grano sano, con su cutícula en buen estado no será atacado por los hongos. Hoy se puede determinar 6 tipos de micotoxinas (Aflatoxinas, zearalenonas, T-2, DON, ochratoxinas y fumonisinas). Antes de decidir qué micotoxinas analizar es aconsejable consultar en el laboratorio, pues distintas micotoxinas pueden ser importantes en diferentes grupos de animales.
Por ejemplo, no tiene sentido analizar zearalenonas en un alimento destinado a novillos pero sí en el caso de ser utilizado para vacas o vaquillonas, pues podría afectar la reproducción.

Es importante un buen muestreo porque las micotoxinas no se reparten uniformemente. En un silo de chapa, el grano pegado a la misma del lado donde da el sol puede ser más susceptible que el resto porque ya que al enfriarse por la noche la humedad se condensa junto a la chapa y se crea un microambiente favorable al crecimiento de los hongos y la consecuente producción de micotoxinas. Deben extremarse los cuidados con las partidas que posean un alto porcentaje de granos partidos porque, como ya dijimos, estos son más susceptibles a ser invadidos por los hongos.

¿Química húmeda o NIRs?, esa es la cuestión
La primera disyuntiva es si utilizamos para la obtención de los datos la técnica NIRs (Near Infrared Spectroscopy, o Espectroscopía en Infrarrojo Cercano) o la técnica de química húmeda. La química húmeda mide los analitos de la manera más directa posible mientras que el NIRs estima la concentración de los analitos a partir de la refracción de la luz infrarroja sobre la superficie de la sustancia a analizar. Se utilizan ecuaciones distintas para cada forraje o materia prima y la precisión del método depende de la calidad de las ecuaciones que se utilicen.
En nuestro laboratorio se utilizan ecuaciones desarrolladas en Holanda por Provimi y provistas en Argentina por Alimental. El desarrollo fue realizado por Provimi en colaboración con la universidad de Gembloux (Bélgica) y requirió una inversión millonaria. Se dispone de más de 60 ecuaciones que cubren casi todo el espectro de forrajes, materias primas y alimentos terminados y que son actualizadas periódicamente.
De todos modos se realiza un control constante por química húmeda. El análisis NIRs tiene dos grandes ventajas, la rapidez y el bajo costo. Un análisis NIRs tarda 10 minutos incluyendo la molienda de la muestra; en el caso de silajes o grano húmedo se requiere un proceso de secado previo que lleva 48 horas. Este secado también es necesario para los análisis por vía húmeda. En una sola determinación de NIRs se obtiene la concentración de entre 5 y 7 nutrientes según el producto analizado. Y el proceso, contrariamente a lo que sucede con la química húmeda, no requiere drogas, el costo principal es la amortización del equipo, que no es poca.

Obtener por química húmeda los mismos datos que se obtienen en un análisis NIRs costaría mucho más y llevaría bastante más tiempo. En el caso de las reservas forrajeras el NIRS brinda la información necesaria para calcular la energía y tratándose de silajes de maíz o sorgo granífero el valor de almidón permite estimar el porcentaje de grano.

En síntesis:
Para que todo esto funcione es necesario realizar un muestreo representativo y que luego, al suministrar el alimento al animal realmente lo coma. Se dice que hay tres raciones, la que formula el nutricionista, la que se pone en el comedero y la que come el animal. Esto ya no es cierto en la producción industrial de aves y cerdos, esperemos que pronto deje de serlo en el caso de los rumiantes-










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